Daniel Toro

Datos de Daniel Toro

  • Nombre Verdadero: Daniel Cancio Toro
  • Nombre Artístico: Daniel Toro
  • Donde Nació: Salta (Argentina)
  • Fecha de Nacimiento: 03 de enero de 1941 (Edad: 75)
  • Género(s): Música Folclórica Argentina
  • Actividad: 1959 - Actualidad
  • Instrumentos: Voz, Guitarra
  • Ocupación: Cantante
Daniel Toro
Daniel Cancio Toro, conocido como Daniel Toro, es un cantante y compositor, originario de la provincia de Salta, Argentina, que nacio en 1941, y se destacó en la ejecución y composición de música folklórica de Argentina.

Daniel Toro es un prolífico compositor que se estima ha compuesto más de 1000 canciones, entre ellas varias que se han vuelto clásicas del cancionero argentino y latinoamericano como Para ir a buscarte y Cuando tenga la tierra (con Ariel Petrocelli), Zamba para olvidarte, Mi mariposa triste, Este Cristo americano, Nostalgia mía, Pastorcita perdida, Zamba de tu presencia, El antigal (con Uto Nieva y Ariel Petrocelli), Mi principito (con Néstor César Miguens), etc.

Seguramente ya la memoria de todos registra una efeméride que, desde 1941 merece recordarse a toda voz y con la mejor melodía de fondo: el 3 de enero nació en Salta Daniel Cancio Toro, hijo de Sixta Rosa Velázquez y Daniel Toro,el mayor de 8 hermanos quien sobrevivió a su mellizo a pesar de ser más pequeño. Se sabe por él mismo que en su primera infancia se familiarizó con la naturaleza agreste que lo rodeaba, las leyendas del lugar y la imaginación que su padre alentaba.

El talento natural y la creatividad lo llevaron a crecer musical y humanamente a pesar de la escasa formación científica.

Su vida, un encadenado de adversidades fue una forja que lo modeló humilde porque su visión del universo es tan amplia que el criterio de vida adoptado lo eleva sobre el común de la gente; eso lo hace grande como persona y grande a su obra.
Esta obra (y aquí se abre un abanico de datos, la mayoría conocidos por todos) comenzó, como una carrera, de niño, en una radio de Salta (cantando tangos). Alos 17 años, ya estaba totalmente involucrado con el folclore, compuso su primera canción: «Para ir a buscarte» grabada por los folcloristas de todos los tiempos. A partir de allí todo fue éxitos. Integró varios grupos: Los Tabacaleros, Los Forasteros, Los Viñateros, Los Nombradores. En 1967, como solista, fue Consagración Cosquín, aunque este escenario ya le había hecho conocer la ovación del gran público que había sacado en andas a Los Nombradores cuando con este grupo interpretó La Misa Criolla.

Lo que vino después fue glorioso, tanto que las grabadoras se lo disputaban. Lamentablemente fue a parar a una de esas fenicias que imponían la moda y y que lo sacó del folclore; lo mezcló con los baladistas de la época con lo cual no tenía posibilidad de mostrar su brillo propio, aunque en el montón siempre se destacó. El público lo hizo regresar al folclore.

Cuando estaba en la cúspide de su carrera llegaron a su vida dos circunstancias que le dieron un giro de 180 grados: Por su «Cuando tenga la tierra» fue proscripto en tiempos del Proceso Militar. No huyó del país, como otros, no lo mataron pero hicieron desaparecer las matrices de sus discos. Cuando comenzó a regrabar toda su obra se le manifestó con todo un cáncer de garganta por el que luego se le debió extirpar las cuerdas vocales. Alcanzó a grabarlas con admirable calidad musical pero sin el brillo original. Probablemente por eso las últimas generaciones no reconocen en él el mérito que otros admiran y valoran.
Porque hacía lo que quería con su voz y con su estilo, porque hizo pasar a más de una generación del suspiro al gemido, siempre con igual embeleso, tanto desde su prolongado silencio que angustiaba por no saber de su vida, como por lo que después se supo y engrandeció su imagen: que, al enmudecer totalmente, se encerró en sí mismo, se deprimió y se alcoholizó. Fue (lo dijo él) gracias a su familia, a dos o tres amigos que aún lo acompañaban, a Dios y a la propia fuerza de su dignidad que se levantó, dejó el alcohol, escribió un libro tan simple como profundo donde plasmó, sin decirlo, toda su tierna fantasía de niño y todo el dolor asumido con adulta serenidad: «Pompo Limón y el niño» (se recomienda, es formidable); conmovedor. De él surgió una ópera andina sobre la que poco se sabe.

Comenzó a hablar (¡y a cantar!) con una voz «soplada» que parecía envejecida con la que mantenía viva la personalidad y el estilo que todos conocían -¡y sin desentonar, en ningún momento!
Medio país se contuvo para no llorar a los gritos en marzo del 99 cuando ¡apareció en la TV! ¡¡habló!! ¡¡¡y cantó!!! «Mi vida en esta tinaja» en Argentinísima. Aún hoy a los hombres se les caen lágrimas sin avergonzarse (está documentado) en Jesús María y Cosquín cuando Daniel Toro se presenta y canta.

Ni él sabe la cantidad de canciones que compuso musicalizando a poetas exquisitos. Sus melodías son maravillosas, laberínticas, elegidas con éxito por casi todos los solistas y grupos, incluso coros, que interpretan música de raíz folclórica. Sigue, uno con su guitarra, dando amor y haciendo música, sigue cantando. Hace unos pocos meses se operó, con la confianza de recuperar dos octavas de la voz perdida. Nada se comentó sobre si obtuvo el resultado esperado. Se sabe que continúa apoyando en el camino de la vida y en el de la música a sus hijos, quienes poseen una voz y un estilo similar y un apellido que los enorgullece: Facundo Toro, declarado su heredero, Claudio Toro «el Principito» y Carlos Toro quien, con Claudio y otros está ahora integrando el grupo «Gualicho». Siguen aprendiendo de él pero no alcanzan su mérito ni su nivel. Ni siquiera se puede comparar la actitud de profundo respeto por el público que lo hace poner de pie, saludar sonriendo y vestir con la mayor corrección, casi siempre con traje sastre.

No creo que en la historia musical del país exista parangón. ¿Duende? ¿Fuerza personal? ¿Milagro? A los homenajes hay que hacerlos en vida. Él dijo que …’la vida siempre es vida, si crece’… y ha hecho crecer su vida a tal punto que, tal vez se deba levantar la mirada para observar la suya. Y entonces se lo verá, allí está; desde allí él sólo sonríe, serenamente, mientras asegura estar preparado para ‘el recreo de la vida’.
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